
Vivo en una ciudad medieval. Tengo muy pocos amigos y muchos
conocidos aunque aquí todos se piensan amigos. En mi ciudad aún se quema a
gente. No en honor a Dios, sino en honor a nosotros, la generación de cristal. Los
que queman a la gente lo hacen desde muy lejos, no como Israel que lo hace para
que no hayan bajas, sino como los cobardes, para que nadie los toque. Mi ciudad
se llama Murcia y es una puta cloaca podrida desde lo alto a lo bajo. La
contracultura está proclamada por imbéciles y la cultura por viejos imbéciles.
Luego hay gente que no se mete con nadie y vive bajo los pinos oliendo a sisca
en broza y no a asfalto. Los imbéciles tienen la nariz taponada y se contonean
como bailando con caras hieráticas sacadas de alguna portada...